jueves, 5 de enero de 2012

Nadsat

Resulta que eran las cinco de la mañana y no me podía dormir, de entre las sombras de mi conciencia salió algo que considero un pequeño homenaje a Burgess y me gustaría compartir.
Recomendación al lector: Si no ha leído usted La Naranja Mecánica ni visto la película le recomendaría que se saltee esta entrada porque no va a tener mucho sentido.
Si desea usted continuar con esta lectura, le dejo un diccionario Nadsat-Español

¡Oh amigos! Tan grande fue mi impresión cuando vi a mi drugo Alex con la golova llena de crobo rojo rojo, el mismo que brotaba de su rota sonriente. Esos tolchocos que dejaban oír el chumchum de los huesos rotos eran los que Alex había recibido. Y los disfrutaba, sí lo hacía. En ellos se sentía vivo, como cuando le practicaba el unodós a una ptitsa, como se sentía vivo al escuchar al gran Ludwig Van.
Y es que nosotros, los nadsats salimos a buscar un poco de diversión mientras pe y eme toman chai en el sofá, disfrutando de sus vidas mediocres. Y no es nuestra culpa, amigos, el haber nacido en este mundo donde la ultraviolencia es un entretenimiento, no es nuestra culpa estar movidos por los hilos de Bogo, que muy cómodo parece estar arriba. Hasta les diría que el mismísimo Bogo nos manda noche tras noche al Korova y se ría de nosotros. Se ríe de todos nosotros.
¿Y ahora que pasa, eh?

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