Encontrarse a tomar algo con el pasado es bueno cada tanto pero creo que me había apresurado al aceptar la invitación esta vez.
- ¿Cómo te está tratando la vida?- me soltó él, indiferente, revolviendo la taza de café.- ¿Novedades?
Divagué un poco acerca del trabajo, los estudios, los amigos, todo tan inmutable y rutinario como siempre. Igual de desastroso que de costumbre pero mi actitud era optimista, o algo así quise darle a entender. Se quedó callado, miraba por la ventana, a las otras mesas, como siempre prestando atención a todo menos a mi. Que desagradable era a veces. Al fin largué un pensamiento que en mi cabeza sonaba genial pero después de decirlo me di cuenta de lo estúpido que era. Como siempre.
- Estuve un tiempo largo tratando de enseñarme a mi misma a ser un poco más distante y apática.
Levantó las cejas y me dedicó una de esas sonrisitas con aire de superioridad. Cerré los puños porque estaba a punto de tirarle con la taza para borrarle esa expresión que tenía. No lo hice pero no porque no tuviera ganas, sino porque estaba segura que si le tiraba con algo no lo iba a golpear y solo iba a tener que salir corriendo y llorando, avergonzada de por vida.
- ¿Y cómo te fue?
- ¡Horrible! ¿Me podría salir de otra forma?
- Tenés que endurecerte un poco más, nena, la vida es complicada.
Tuve que respirar profundamente y apretar más los puños.
- ¿Ese es todo tu consejo, oh sabio maestro? Al principio me encantaba que me trates así, aspiraba a ser tan fría y distante como vos, porque al parecer la gente bonita sin sentimientos se junta con gente bonita sin sentimientos y yo quería ser así también. Hiciste muy bien en dejarme, de verdad. Fue una mala mia creer que podría ayudarte a sentir algo. O que ibas a cambiar, que pelotuda grandota, creyendo que la gente va a cambiar. Seguro que te reíste mucho de mi. Pero ya fue, podés reirte todo lo que quieras. Soy una persona que siempre consigue malos resultados a pesar de tener buenas intenciones. Pero no puedo dejar de tener buenas intenciones.
- Ya vas a poder dejar de tenerlas, vas a ver como todos te decepcionan.
- ¿Estás excusándote con eso? ¿Tenés cinco años? Creí que yo era la que estaba mal, después que vos eras el del problema y ahora solo creo que el problema no es de ninguno, simplemente no somos lo que el otro quería.
- Me da igual esta charla, tenemos tantos temas entretenidos para hablar...
- A vos todo te da igual y a mi nada me da igual, vos sos un pelotudo y no me di cuenta a tiempo y yo soy una pelotuda y no te diste cuenta vos o sí, pero te daba paja pararme el carro. Sería muy tuyo. Sos muy cobarde y muy aburrido debajo de esa fachada que te armaste.
- Vos sos una pendeja hipersensible, no se qué carajo te vi.
Podría haberme quedado gritándole por horas pero me incomodaban las caras fijas en nuestra discusión. Dejé un par de billetes en la mesa y me fui, liviana pero con ganas de tirar una taza o incluso la mesa. Él se fue y no hablamos más pero yo se que le dolió. O eso espero. Tengo que dejar de esperar.
domingo, 30 de diciembre de 2012
martes, 25 de diciembre de 2012
Esc
Si tuviera que irme de mi casa ya y emprender mi camino hacia la aventura, me llevaría un par de cuadernos, lápices y acuarelas, una o dos cámaras, un ukelele y las ganas de conocer. Me llevaría todos mis miedos en una bolsa para ir cambiándolos por cosas que me sean de más utilidad. También sería práctico tener un par de esperanzas de repuesto por si las gasto. Dieciocho años de sueños y una navaja suiza. Me voy a llevar mapas de todo el mundo porque nunca se sabe dónde puedo terminar, junto con una brújula y un montón de canciones de amor sin nombre para ir regalando por ahí. Me llevo los abrazos de mis amigos y un par de besos que vienen con promesas para cuando vuelva. Un libro de supervivencia básica, uno de navegación y muchas sonrisas. Diez vestidos, un pantalón, mi remera favorita, muchos pares de medias, un abrigo, un sombrero y un par de zapatillas que estén dispuestas a sobrevivir a todo.
viernes, 21 de diciembre de 2012
(Sin asunto)
M:
Te escribo esto porque no me banco más andar cargando con todas estas cosas que me pasan. Me gustaría que no suene como si estuviera obsesionada con vos pero tampoco quiero que parezca algo serio y frío que tranquilamente podría haber escrito tu jefe. Estoy hasta las manos y me ayudaría un poco que me tires un centro, aunque sea una punta para ver qué carajo te pasa a vos, ¿viste? Se que probablemente no sientas mariposas ni esas ganas de vomitar que siento yo, tampoco pensás que cada cosa que decís en mi presencia es una total peloudez pero yo sí me siento así y no se, creí que era sano decirte eso. No me banco sentarme al lado tuyo en la oscuridad y distinguir tu sonrisa o esos ojos gigantes sin tener ganas de tirarme encima tuyo o gritar o algo de eso. Mejor la termino acá. Si te pasa algo, tirame una pista, yo ya te tiré mil! Y sino simplemente ignorás esto y no vuelvas a mencionarlo.
Con cariño,
ya sabés quién soy.
martes, 18 de diciembre de 2012
Gorda
Me da asco saber que si voy a bailar y aquel tipo no se quiere ir solo a su casa me va a buscar a mi, porque ''las gorditas están más desesperadas y entregamos más fácil que las lindas''
Es horrible la certeza de que ese tipo no se enamoraría de vos, o peor aún, lo haría y tendría verguenza porque claro, ¿cómo se enamoraría de alguien que a sus amigos le resulta desagradable? ¿Qué clase de ley antinatural es esa?
Es cansador que me recomienden ropa ''adecuada para mi cuerpo'' No, gracias, no tengo ganas de ponerme una carpa, quiero esta pollera corta y la remera ajustada, me entran y me las voy a poner. ¿Te da miedo mi grasa? ¿Te sentís amenazada porque estoy segura de mi misma? ¿O es que acaso te molesta ver a una persona segura de su cuerpo?
Me cansa escribir sobre esto y me cansa repetirlo. Me cansa que todos sean mis nutricionistas y médicos cuando estoy perfectamente bien. Ser gorda no es todo lo que soy, no me define. Nada externo me define. Soy un alma sin bordes que llega hasta más allá de lo que podés ver y por eso te agradecería que me dejes ser y pienses un poco menos en los envases en los que están las personas que te rodean y te concentres en mirar con un poco más de profundidad.
Es horrible la certeza de que ese tipo no se enamoraría de vos, o peor aún, lo haría y tendría verguenza porque claro, ¿cómo se enamoraría de alguien que a sus amigos le resulta desagradable? ¿Qué clase de ley antinatural es esa?
Es cansador que me recomienden ropa ''adecuada para mi cuerpo'' No, gracias, no tengo ganas de ponerme una carpa, quiero esta pollera corta y la remera ajustada, me entran y me las voy a poner. ¿Te da miedo mi grasa? ¿Te sentís amenazada porque estoy segura de mi misma? ¿O es que acaso te molesta ver a una persona segura de su cuerpo?
Me cansa escribir sobre esto y me cansa repetirlo. Me cansa que todos sean mis nutricionistas y médicos cuando estoy perfectamente bien. Ser gorda no es todo lo que soy, no me define. Nada externo me define. Soy un alma sin bordes que llega hasta más allá de lo que podés ver y por eso te agradecería que me dejes ser y pienses un poco menos en los envases en los que están las personas que te rodean y te concentres en mirar con un poco más de profundidad.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Tengo una quemadura en cada uno de los pocos milímetros que tu piel tocó la mía. Te pedí más, sin decirlo, y miraste para otro lado.
Brindo mil veces por vos y las millones de veces en las que no me tocaste para darme un poco de esa electricidad que traías con vos. Ahora se que era mejor que no te acercaras, porque el agua me estaba tapando y el agua y la electricidad no se llevan bien.
Ahora sí te dejo acercarte pero despacio y con la condición de que cada tanto me digas una o dos cosas sobre vos.
No le digas a nadie, voy a tratar de no decirle a nadie.
Ultimamente las cosas no me vienen saliendo nada bien y me gustaría conseguir lo que quiero, aunque sea una vez.
Brindo mil veces por vos y las millones de veces en las que no me tocaste para darme un poco de esa electricidad que traías con vos. Ahora se que era mejor que no te acercaras, porque el agua me estaba tapando y el agua y la electricidad no se llevan bien.
Ahora sí te dejo acercarte pero despacio y con la condición de que cada tanto me digas una o dos cosas sobre vos.
No le digas a nadie, voy a tratar de no decirle a nadie.
Ultimamente las cosas no me vienen saliendo nada bien y me gustaría conseguir lo que quiero, aunque sea una vez.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Piezas
Voy por calles que no son mías, duermo en una cama que no es la mía. Las lucecitas navideñas hoy no prenden: hay un corte de luz en toda la ciudad. Camino buscando algo conocido, igual que antes buscaba caminar y perderme. Mis amigos son extraños.
Todos los cuerpos son vos, todas las caras son vos, trato de despertarme y nada. Me sigo despertando y te encuentro en todas las caras y voces, aunque no lo quiera. Y no es que me hagas falta, sino que me sobran un montón de cosas que no se dónde poner.
Me miro al espejo y estoy yo, la única pieza que todavía sigue estando en su lugar cuando todo se dio vuelta soy yo. No se qué significa y ni siquiera se si me sirve de consuelo pero yo estoy acá.
Todos los cuerpos son vos, todas las caras son vos, trato de despertarme y nada. Me sigo despertando y te encuentro en todas las caras y voces, aunque no lo quiera. Y no es que me hagas falta, sino que me sobran un montón de cosas que no se dónde poner.
Me miro al espejo y estoy yo, la única pieza que todavía sigue estando en su lugar cuando todo se dio vuelta soy yo. No se qué significa y ni siquiera se si me sirve de consuelo pero yo estoy acá.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Me gusta mirarte.
Es que no se, deben ser tus ojos. Tenés unos ojos marrones, gigantes, brillosos. Me cuesta mirarte en silencio, siento que sabés todos mis secretos.
O capaz son dientes, me gustan mucho tus dientes. Me gustan porque sonreís poco pero muy bien. En realidad me gusta toda tu boca, aunque no la haya probado. Me gustaría probarla.
También me gusta tu voz, me enloquece escucharte hablar, podría estar horas así como estoy ahora, solo escuchándote.
Me gustan tus manos que no me animo a tocar.
Me gustan tus gustos.
Me gusta no querer nada con vos, saber que no me muero si no te veo y que vos no te morís sin mi.
Me encanta saber que estás en otra y que nunca me vas a escribir algo así.
Me gusta mirarte.
Mirarte y nada más.
Mirarte y nada más.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Cientosetentaydos.
Busqué un nombre conocido en la lista de contactos y marqué, con una angustia indeleble de vaya a saber dónde. Al instante me sentí mejor. Hablamos y sentía como me iba aflojando de a poco. No le dije nada de cómo me sentía, solo me limité a contarle algunas cosas y escuchar otras más.
- ¿Y entonces?
- Entonces llegué a la conclusión de que es un vampiro.
La voz del otro lado del teléfono se reía y yo me reí con ella. De vez en cuando era lindo que alguien te recordara que tenías una casa y gente que te quería. Jamás me paro a pensar demasiado en lo valiosa que es y tampoco creo que entienda la paz que me hace sentir con su sola presencia. Hablamos un poco más y la dejé porque sino iba llorar, ponerme a los gritos o perder la cabeza de alguna forma. Inhalé. Exhalé. Me sentí un poco mejor. No tanto, pero supongo que en algún momento se va a pasar. Probablemente cuando nos sentemos a charlar un rato.
- ¿Y entonces?
- Entonces llegué a la conclusión de que es un vampiro.
La voz del otro lado del teléfono se reía y yo me reí con ella. De vez en cuando era lindo que alguien te recordara que tenías una casa y gente que te quería. Jamás me paro a pensar demasiado en lo valiosa que es y tampoco creo que entienda la paz que me hace sentir con su sola presencia. Hablamos un poco más y la dejé porque sino iba llorar, ponerme a los gritos o perder la cabeza de alguna forma. Inhalé. Exhalé. Me sentí un poco mejor. No tanto, pero supongo que en algún momento se va a pasar. Probablemente cuando nos sentemos a charlar un rato.
martes, 13 de noviembre de 2012
Cecilia
- ¿Alguna vez pensaste en que toda esta gente tenía una vida normal como vos y yo? - Ella miraba por la ventana del tren. Seguí su mirada y me encontré con tres hombres sucios que dormían en el piso de la terminal - Que endeble es todo, que rápido que pueden cambiar las cosas. De repente tenés un trabajo, techo, una familia y de repente no. ¿A dónde va todo eso? ¿Qué les pasó a esos hombres? ¿Por qué están acá?
La frialdad en la voz de Sofía resultaba perturbadora en contraste con la emotividad de sus palabras. Cecilia en sí resultaba perturbadora gran parte del tiempo. Diecinueve años, un metro ochenta y siempre de punta en negro. Era de contextura frágil, tenía la piel muy blanca, el pelo color caoba y en general una apariencia de poca salud. Jamás usaba maquillaje y salía en raras ocasiones. Estar en su compañía era casi como estar solo, con la diferencia de que sentía la presión de charlar de algo. Ella aparentemente no sufría los silencios incómodos. No sabía si sufría algo. A menudo mis intentos desesperados por ponerme a su nivel me llevaban al ridículo. Ella no se reía, ni siquiera contestaba.
- No se si es tan así.
- Me llama la atención las ganas de vivir de esta gente. Hay gente que decide dejar de vivir por mucho menos. ¿Alguna vez quisiste dejar de existir?
Su tono resultaba en extremo desagradable de a ratos. Era tan asquerosamente distante y tenía tan poco tacto que me daban ganas de sacudirla. Estaba seguro que ni siquiera se le aceleraba el corazón. Si es que le latía, claro está. Cuando escuché su pregunta tuve ganas de salir de ahí. Me miraba como si pudiera atravesarme y saber todo de mi. Creía que sus preguntas eran por cortesía porque sabía que ella no necesitaba preguntar nada.
- Oh. Me imaginé, era de esperarse- me dijo. Ni siquiera quise preguntarle por qué era de esperarse así que me limité a quedarme en silencio y tratar de pensar en otra cosa. Cecilia tenía además dos grandes cicatrices verticales en sus antebrazos que casi nunca se veían. No le pregunté jamás por ellas, sabía que la respuesta iba a ser una pared de silencio. Cecilia aparecía y desaparecía con la luz de la mañana. No sabía si era tangible o no, no me atreví a tocarla. Real era, eso es seguro. No quería verla más. Atravesábamos el campo y estuve pensando varias formas de tirarme por la ventana y no lastimarme. Por desgracia no se me ocurrió ni una.
La frialdad en la voz de Sofía resultaba perturbadora en contraste con la emotividad de sus palabras. Cecilia en sí resultaba perturbadora gran parte del tiempo. Diecinueve años, un metro ochenta y siempre de punta en negro. Era de contextura frágil, tenía la piel muy blanca, el pelo color caoba y en general una apariencia de poca salud. Jamás usaba maquillaje y salía en raras ocasiones. Estar en su compañía era casi como estar solo, con la diferencia de que sentía la presión de charlar de algo. Ella aparentemente no sufría los silencios incómodos. No sabía si sufría algo. A menudo mis intentos desesperados por ponerme a su nivel me llevaban al ridículo. Ella no se reía, ni siquiera contestaba.
- No se si es tan así.
- Me llama la atención las ganas de vivir de esta gente. Hay gente que decide dejar de vivir por mucho menos. ¿Alguna vez quisiste dejar de existir?
Su tono resultaba en extremo desagradable de a ratos. Era tan asquerosamente distante y tenía tan poco tacto que me daban ganas de sacudirla. Estaba seguro que ni siquiera se le aceleraba el corazón. Si es que le latía, claro está. Cuando escuché su pregunta tuve ganas de salir de ahí. Me miraba como si pudiera atravesarme y saber todo de mi. Creía que sus preguntas eran por cortesía porque sabía que ella no necesitaba preguntar nada.
- Oh. Me imaginé, era de esperarse- me dijo. Ni siquiera quise preguntarle por qué era de esperarse así que me limité a quedarme en silencio y tratar de pensar en otra cosa. Cecilia tenía además dos grandes cicatrices verticales en sus antebrazos que casi nunca se veían. No le pregunté jamás por ellas, sabía que la respuesta iba a ser una pared de silencio. Cecilia aparecía y desaparecía con la luz de la mañana. No sabía si era tangible o no, no me atreví a tocarla. Real era, eso es seguro. No quería verla más. Atravesábamos el campo y estuve pensando varias formas de tirarme por la ventana y no lastimarme. Por desgracia no se me ocurrió ni una.
domingo, 4 de noviembre de 2012
Fin del Recorrido.
''Próxima estación: Acoyte.'' Dice la voz ausente de una mujer, o un robot, no estoy segura. ¿Te acordás del primer beso en Parque Rivadavia? ¡Cómo esperamos eso! Eramos tan chicos y nos queríamos tanto que ahora hasta me causa gracia. Es normal ponerse a pensar en el principio después del fin, creo.
Pasan las estaciones.
''Próxima estación: Plaza Miserere.'' Una noche de corridas en Once, escapando de no se qué o persiguiendo a no se qué cosa.
Alberti y después Pasco. Recuerdo el día en que te conté por vigésima vez la historia de la media estación pero vos ya no me escuchabas. Habías dejado de escuchar esa historia hace rato.
''Próxima estación: Congreso'' La voz metálica me rompe la cabeza, lo mismo con el ruido insoportable del subte mientras me voy acercando a un lugar en el que jugábamos a ser turistas, preguntábamos por calles que conocíamos de memoria y nos íbamos riendo. Pero eso dejó de divertirme y tu cara y tus actitudes también. No, no dejaron de divertirme, empecé a detestarte. Y vos sentías lo mismo, estoy segura. Podríamos haber terminado las cosas a tiempo y no dejar que todo se pudra. Qué costumbres de mierda tenés, por favor. Y qué pelotuda puedo ser cuando tengo ganas, eh.
Proxima estación: Ninguna, no hay próxima estación. Andate a la concha de tu madre.
Fin del recorrido.
Pasan las estaciones.
''Próxima estación: Plaza Miserere.'' Una noche de corridas en Once, escapando de no se qué o persiguiendo a no se qué cosa.
Alberti y después Pasco. Recuerdo el día en que te conté por vigésima vez la historia de la media estación pero vos ya no me escuchabas. Habías dejado de escuchar esa historia hace rato.
''Próxima estación: Congreso'' La voz metálica me rompe la cabeza, lo mismo con el ruido insoportable del subte mientras me voy acercando a un lugar en el que jugábamos a ser turistas, preguntábamos por calles que conocíamos de memoria y nos íbamos riendo. Pero eso dejó de divertirme y tu cara y tus actitudes también. No, no dejaron de divertirme, empecé a detestarte. Y vos sentías lo mismo, estoy segura. Podríamos haber terminado las cosas a tiempo y no dejar que todo se pudra. Qué costumbres de mierda tenés, por favor. Y qué pelotuda puedo ser cuando tengo ganas, eh.
Proxima estación: Ninguna, no hay próxima estación. Andate a la concha de tu madre.
Fin del recorrido.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Zoe
Zoe tenía la altura y el cuerpo promedio. Su cara tenía dos ojos, una nariz y una boca, como la mayoría de las caras y el pelo marrón y ondulado, del largo más común. La vi una vez en el tren. Si estás tratando de imaginarla, pegada al vidrio con los barrios porteños sucediéndose de fondo, te estás equivocando. Esa chica que te imaginás no es Zoe. Nada que ver. Zoe es esa que está atras de la que estabas imaginando vos, una en la que no habías ni reparado. Ella lleva una existencia tranquila y silenciosa, con sueños comunes y aspiraciones muy simples. Mucha gente idiota diría que Zoe es aburrida. Pero no, Zoe es un oasis. Zoe es un oasis que solo encuentra la gente que sabe buscar. Ella no espera que la encuentren pero aprecia la sonrisa cómplice de la gente que la ve aunque sea casi transparente.
domingo, 21 de octubre de 2012
Feria Americana.
En el Ejército de Salvación encontré un sombrero hecho a medida para un señor de cabeza muy puntiaguda y el vestido de una novia que se tiró al mar.
En una feria americana de Ramos encontré un disfraz de jirafa y un buzo traído de Disney que tenía la cara de un ratón.
Juan Perez me ofrecía glamour de las épocas doradas y de las no tan doradas presentadas en forma de un abanico de lentejuelas de arcoiris.
En la Galería 5ta Avenida había tantos fantasmas que tuve que salir corriendo. No sin antes llevarme una pollera gris toda desteñida que me costó cinco pesos.
En una feria americana de Ramos encontré un disfraz de jirafa y un buzo traído de Disney que tenía la cara de un ratón.
Juan Perez me ofrecía glamour de las épocas doradas y de las no tan doradas presentadas en forma de un abanico de lentejuelas de arcoiris.
En Morón estaba el camisón de una señora con insomnio, una camisa con manchas de pintura y un vestido que tenía ganas de contar una historia.
En el Parque Centenario encontré un saco con olor a vos. Tuve que comprarlo.En la Galería 5ta Avenida había tantos fantasmas que tuve que salir corriendo. No sin antes llevarme una pollera gris toda desteñida que me costó cinco pesos.
viernes, 21 de septiembre de 2012
If You're Feeling Sinister.
Yo tengo la teoría de que la canción indicada en el momento justo puede crear un amor. Te invité a merendar a casa casi sin conocerte. Tu timidez extrema y mi ansiedad no parecían hacer muy buena pareja. El silencio se hacía enorme así que busqué nerviosamente entre los cd's y puse If You're Feeling Sinister de Belle & Sebastian. Mi nerviosismo se volvió controlable, me sentía aliviada cuando podía hacer una pregunta que requiriera una respuesta larga. Tus ojos estaban siempre en la taza, pero al menos hablabas. Traté de no incomodarte, jugaba con la cuchara, trazando ochos en la superficie del café con leche pero en realidad estaba atenta a cada uno de tus movimientos. Hablamos de cosas intrascendentes y de otras muy serias. En voz baja, como hablás vos. Unos pocos rayos de sol invernal jugaban a hacer que tu cabeza se convierta en un arcoiris. Me alegraba conocerte de a poco. De a poco también, te dejabas mirar y te atrevías a buscarme la mirada. No entendías ni una palabra de inglés pero te mecías suavemente al ritmo de la música. Vivimos un amor de treinta y siete minutos con ocho segundos. Un romance mudo, de miradas de reojo y sonrisas disimuladas.
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