viernes, 13 de abril de 2012

Superocho.

Ay, qué lindo es recordar pequeñas cosas tuyas como en super-8, grabadas en una película gastada, con una cámara inquieta. Te veo en colores un poco manchados, como en Submarine, ¿viste? Veo pequeños guiños de momentos felices: un viaje en subte, una noche de palabras y muchísimo frío en un balcón ajeno, una caricia en especial, un beso diferente y esa sonrisa de siempre. Me llenás el corazón.

lunes, 9 de abril de 2012

Iridiscencia

Te juro que no me entendí en ese entonces y no me entiendo ahora pero todo lo que hice, de alguna forma rara, fue a conciencia. Te miré a través de cristales, tu piel era iridiscente y sentí un hambre incontenible cuando tus ojos de avellana atravesaron los cristales que te juro, por un momento, sentí estallar. Y me atravesaste a mi también. A veinte metros de distancia tu mirada reptil me envenenó de cuerpo y alma. Si es que todavía tenía alma, si no me la habías robado. Fue un encuentro fugaz, mudo y violento, te juro que no entendí qué me impedía moverme esos veinte metros tortuosos y explicarte que me habías alegrado el día. Tu boca, a veinte pasos, me respiraba. Abrí la boca para respirarte también y en el tiempo que un par de ojos parpadea y un extraño se interpone entre los cristales sucios, el colectivo arrancó y desapareciste para siempre. Los pulmones se me llenaron de humo negro, los ojos se me embebieron en tu misterio y tu piel iridiscente. Y tu boca que me respiraba, y tus ojos de avellana. Y por supuesto, no te vi más.

domingo, 25 de marzo de 2012

Escritores

Hoy no quiero contar una historia. Hoy hablo de los que están detrás de las historias. Traté de conectar a todos estos hermosos seres, busqué características en común entre todos y me rompí la cabeza pensando en cómo explicar esto de una forma atractiva, aún sin saber con exactitud qué es esto que escribo ahora. No es un homenaje, no es una recomendación. Supongo que podríamos decir que es un agradecimiento. No hablo de escritores con muchos libros editados sobre cosas por las que no sienten pasión, gente que obtiene dinero de esto y eso es todo. Hablo de los que lo hacen solo por amor, porque sin escribir se ahogan. Hablo de los escritores de cigarrillo, café y cuaderno. De los de arrebatos de lágrimas y computadora. Los que tienen papelitos con ideas, los que guardan notitas en el celular y los que simplemente enfrentan el blanco y dejan fluir lo que sienten. Escribo esto y pienso en mucha gente. Me voy a encargar de que esto les llegue. Me inspiran y aspiro a alcanzarlos. Inspiro y aspiro. Respiro. Cada vez que alguno me cuenta cuánto le gusto algo que yo hice o cuando me piden ayuda, tengo una sensación indescriptible. Es ese ''vos entendés.'' Entendés esa idea que te sigue y te acosa hasta que por fin la vomitás en palabras inconexas en el primer papel que encontrás cuando ya no aguantás más el mareo de pensamientos. Esa certeza de saber que si no estás escribiendo o pensando en hacerlo, pasa algo.
Traté de encontrarles algo en común a estas personas y pensé y pensé hasta que vi sus ojos. El brillo de sus ojos. La mirada penetrante, sin reservas. Gritan melancolía y anhelo. Tratan de esconderlo, a veces. Pero yo lo veo.

viernes, 23 de marzo de 2012

Acto último

No escribo sobre mi, porque soy aburrida. Escribo sobre cosas que pasan. A veces afuera de mi y a veces adentro. Yo soy un mero testigo de todo. Veo, escucho y anoto. Creo que debería ponerme en el reflector un poco más y dejar de ser espectadora de mi propia vida. Pero el pánico escenico suele ganarme. Yo siempre estoy en la primera fila, mirando con atención a los actores que vienen y se van. Y a veces no entiendo lo que veo, pero miro igual. Miro las obras de las vidas de los demás. Se mucho de ellos. Soy un testigo y debería moverme al escenario. Tengo que dejar de ver y empezar a actuar. Pero me da miedo que mi guión no sea tan bueno, me da miedo ser la villana. Más miedo aún me da ser la pobre protagonista que sufre toda la obra pero tiene un final feliz. Y no quiero que por llegar tarde, el momento de la caída del telón llegue pronto y me pierda el último acto. Y no quiero salir a saludar y agradecer.
Tengo miedo de mi cabeza. De lo que puede hacerme y de lo que puede hacerte a vos. No se si pueda modificar mis comportamientos o quizás simplemente no quiero.

martes, 20 de marzo de 2012

Humedad

Llovía tanto que no estoy segura de lo que vi. Pero te vi. Eras de gotas frías y tierra mojada. Eras de estrellas escondidas y te reíste. Y me reí de cuerpo y alma porque tu risa era contagiosa. Me estaba helando pero la vista era tan hermosa que no podía distraerme con algo tan intrascendente como lo era mi propio cuerpo. Estiré la mano pero al tocarte me arrepentí de haberlo hecho porque eras casi incorpóreo. Igual me reí y te reiste porque estabas ahí y yo estaba ahí también. ¿Te soñé? No, te vi, yo se que sí. Dejó de llover y floreciste, tu cuerpo de gotas y tierra se llenó de hojitas hasta que te volviste completamente verde. Eras de estrellas brillantes, de noche despejada. Te reías y me hiciste reir hasta llover. Me llené los pulmones de aire mojado y sentí flores azules creciendo desde el interior, abriéndose paso entre mis costillas, perforando la superficie de mi piel. No me dolió, había ramitas rojas, flores azules y brillo pálido. El cielo se empezaba a teñir de naranja, así que empezaste a correr y te seguí. Nos caimos entre risas, lluvia, naranjas, rosas, celestes y grises. Nos convertimos en uno solo de verde, marrón, azul y rojo. Volvimos a correr y de repente, volamos.

jueves, 15 de marzo de 2012

Carta abierta al que se quiera ir


¿Quién soy? Es intrascendente, cosa que es bastante triste pero no por eso deja de ser cierta. Quizás en algún momento te cuente quién soy. Pero por ahora soy todo lo que puedas imaginar: Soy ese chico que viste hoy en el colectivo con la mirada perdida y los ojos llorosos, soy esa otra nena que anda cargando un bebé, soy alguien que está pensando en su nota suicida, soy la que llora de la risa aún cuando todo esté para la mierda, soy ese que anda buscando un lugar donde vivir porque lo acaban de echar de casa. Incluso soy vos, aunque sea en parte. ¿Te mirás al espejo? ¿Qué sentís cuando lo hacés? Yo a veces no me reconozco, a veces no entiendo que esa es mi cara, que esos ojos brillantes son los míos que me miran fijamente desde otra dimensión. Y quizás es porque no soy yo. Porque yo no soy una sola cara. No soy una sola persona. A lo mejor estoy hablando de una forma muy vaga y no pretendo que entiendas todo lo que te digo pero sí, que entiendas la idea general y que alguno de los sentimientos que te voy a contar, los sientas propios. A lo mejor les ponés otro nombre, pero son esos, vos los entendés. Porque somos chicos y si entre nosotros no nos entendemos, no se qué carajo estamos haciendo mal. Voy a empezar por algo simple y quizás no tanto. Dicen que el miedo es un sentimiento que te paraliza, pero yo no creo que siempre sea así, para mi tiene mil caras. A veces el miedo te hace reaccionar de formas que no esperabas. ¿Te encontraste haciendo algo que no querías porque creíste que estaba mal no hacerlo? ¿Alguna vez le hiciste mal a una persona que amás con todo tu corazón y después no te pudiste olvidar de eso? ¿Sentiste que no querías salir a la calle? Yo sí y vos a lo mejor también. ¿Creíste que estabas volando de felicidad en algún momento? ¿Sentiste que nunca iba a terminar y después te decepcionaste cuando terminó? Pasa, pasa. ¿Entendés de melancolía y nostalgia? Sí, sí, yo se que sí. Yo se que conocés esa tristeza feliz. Ese flashback mágico de corridas, risas, llantos, gritos, amaneceres, atardeceres y noches. Eternidad. Juventud. Perdés la noción del tiempo y de repente llegaste acá. No sabés como. Y creo que nadie lo sabe en realidad. Y tampoco sabés lo que se viene, pero no importa, porque no tenés ganas de que llegue mañana y a la vez sí. A veces no tenés fuerza para levantarte, y está bien, es normal. Y a veces querés que todo termine, lo deseás de corazón pero tenés miedo. Y eso es normal, también. Yo solo quiero que sepas que yo sentí eso, y mucha otra gente también. Y no tenés que dejarte hundir, no te dejes ahogar, no dejes que los demás ganen. Acordate que también soy vos, en parte, y yo quiero estar acá. ¿Por qué quiero estar acá? Y… mirá, se que hay muchas cosas muy feas, se que a veces parece que no hay esperanza. Y que cuando estás en el último subsuelo (porque a veces uno va más abajo del fondo), es jodido ver la luz. Y sí, no te voy a mentir, a veces no hay luz. A veces parece que nadie te va a esperar o extrañar. Pero sí. No te vayas, siempre voy a estar yo, prendiendo una vela por toda la gente que elije irse, aún cuando son desconocidos. Pero no nos vayamos de tema, ¿por qué quiero estar acá? Porque yo me lo gané. Y vos también. Dale, esperá un poco. No te prometo que de la noche a la mañana las cosas van a cambiar. ¿Alguna vez fuiste feliz? Agarrate de eso, y pensá que va a volver, porque va a volver, porque todos volvemos a ser felices en algún momento. Yo te cuento estas cosas, porque sobreviví y siempre quise que alguien me dijera cosas como estas. No dejes que el mundo se lleve lo que sos. Por que sos una persona hermosa, no un error. No quiero sonar como un libro de autoayuda pero yo se que a lo mejor necesitabas leer algo de esto. Recordá las cosas buenas y aspirá a nuevas experiencias, recordá las cosas malas para no volver a cometer los mismos errores. Y sino tenés recuerdos buenos, llamame que te invito a caminar por ahí y vemos qué onda. ¿No me creés? ¿Tenés miedo? Dale, yo también estoy sola. Si estás leyendo esto, no dudes en hablarme porque quiero ayudarte, dentro de lo que pueda. En fin, no se bien quién soy, así que no puedo contarte mucho sobre eso. Yo tampoco se quién sos. Pero sabés que compartimos experiencias. Yo con vos, con él, con ella, con todos. Recordá que todas esas personas que ves todos los días están luchando. Querelas o aunque sea tratalas bien. Si ellos te hacen mal, entendelos, al menos. Y no dejes que te saquen las ganas de hacer cosas, las de soñar y de vivir.
Te quiero, che. Espero poder abrazarte algún día.    

lunes, 5 de marzo de 2012

Peregrinos

Es re loco pensar que pasó casi un año desde aquel día que fue entre fatídico y mágico. Corté, fui al hospital a visitar a mi bisabuela, vos estabas un poco preocupado por tu mamá y la muerte de tu abuelo. Era un día de mierda, pero no se, llegué a casa, hablamos, y cuando me lo dijiste me temblaban las piernas. Ni lo tuve que pensar, porque era lo que más quería en ese entonces, y es lo que más quiero ahora. Veníamos de viajes largos, peregrinando y buscando algo en lo que creer. Creo que ese día terminaron nuestros viajes individuales y arrancamos otro, más grande que nosotros, uno hacia la grandeza, hacia el infinito. Aunque los dos sabíamos que era difícil viajar de a dos estando tan lejos, lo intentamos. De esos trescientos sesenta y cinco días, volamos juntos menos de cincuenta. Me desperté con vos, lloré, lloraste, nos reímos, de hecho creo que me reí más en este tiempo que durante el resto de mi vida. Esperimentamos, nos dormimos juntos, aunque generalmente yo primero. Entendí lo que era estar en paz, entendí que tenía que dejar entrar a la gente, de vez en cuando, aprendí mucho de vos, no puedo enumerar todo. Escribir y llorar, extrañarte todo el tiempo, tu cara cuando nos volvemos a encontrar. Estoy muy orgullosa de vos, de todo lo que pasaste. Yo sé que antes de conocernos, rogabas porque alguien aparezca y te saque de toda esa mierda, alguien para amar, cuidar y compartir todo. Yo pedía por lo mismo. Buscamos, te dije que a lo mejor el amor estaba cerca, pidiendo por lo bajo que te dieras cuenta de lo mucho que quería estar con vos y que cerca no significaba a la vuelta de tu casa, sino del otro lado de la pantalla.
Siempre nos amamos, de lejos, sin vernos, pero siempre nos amamos, desde chiquitos. Tardamos en conocernos, pero ahora ya pasó, todo lo malo que nos dejó agonizando, ya está.

domingo, 4 de marzo de 2012

Charla con un desconocido

Parada de algún colectivo, no se qué día ni a que hora. Las palabras me salieron sin pensar.
- ¿Tenés fuego?
- No, disculpame.
- No importa, igual yo no tenía cigarrillos. Quería empezar la conversación de alguna forma.
- ¿Y si te hubiese dicho que tenía fuego?
- Te hubiese dicho que se me habían ido las ganas de fumar. Soñé mucho con vos. Se que no tiene sentido, porque ni te conozco y eso, pero bueno, sueño bastante seguido con tu cara que no es tu cara. En realidad no sueño con vos, no te la creas. Sueño con cosas que me sugieren cosas que escondidas te tienen a vos. De alguna forma, no se. Se que te veo y te escucho, aún sin haberte visto o escuchado jamás. No importa igual, probablemente no tenga sentido. No, me escucho y no lo tiene. Bueno, así son los sueños, ¿viste? ¿Soñaste alguna vez con un desconocido? ¿Soñaste alguna vez conmigo? Bueno, ahí viene mi colectivo, chau.
- Eh, chau.

sábado, 25 de febrero de 2012

Descubrimiento

Y si, bastante pelotudo de mi parte el no darme cuenta. Es que a veces no te das cuenta, ¿sabés? Debería explicar bien las cosas, porque no estoy contando nada. Resulta que me enamoré. De un hombre. Mi mejor amigo. Si, lo sé, es cualquiera todo esto. Bueno, resulta que conocí a Lean en la primaria, siempre éramos los dos que terminaban en la dirección por no hacer nada en clase, íbamos a fútbol juntos, salimos a bailar por primera vez juntos, y casi que dimos nuestro primer beso juntos. No entre nosotros, claro. (Aunque más de una vez, mi cabeza me traicionó y me hizo soñar con eso) Pero no nos desviemos del tema. Cuando empezamos la secundaria, nos tuvimos que separar porque Lean necesitaba una escuela que le permitiera un enfoque más creativo que el que le brindaba una secundaria normal. Dibuja muy bien el pibe, cuando éramos más chicos, hizo un cuaderno con caricaturas de nuestros compañeros y profesores. Yo todavía lo guardo y recuerdo a mi compañero de banco mirando a todos y cada uno de nuestros compañeros, analizando los detallitos. Esa mirada ausente, los dedos siempre sucios de fibra, tinta o tempera. Bueno, pero volviendo a lo de nuestra separación, la relación no cambió para nada, que era algo que me daba mucho miedo. Nos juntamos todos los fines de semana, en su casa o en la mía, vemos películas, nos matamos en algún juego, escuchamos música, lo común. Estas cosas eran la antesala de lo verdaderamente interesante. Charlas muy profundas sobre la vida, el futuro, y lo que nos podría esperar. Cuando nos íbamos quedando dormidos empezaban a salir los secretos. Me contaba sus miedos, sus sueños, incluso me decía, de tanto en tanto, lo mucho que me quería. Y yo lo quería también. De la forma más pura del mundo, era un afecto sin nombre. Era más que mi mejor amigo. Era la única persona con la que me sentía cómodo siendo como verdaderamente era,  yo le lloraba por algun espacio vacío que me rompía la cabeza y él me consolaba. Y ya que hablamos de llorar, puede parecer una cosa chiquita, pero llorar adelante de otra persona siempre me pareció una muestra de vulnerabilidad bastante grosa. Yo solo lloraba con el y el a veces lloraba conmigo. Siempre me tocaba el pelo con esa misma mirada ausente que ponía cuando estábamos en clase. La única seña de que seguía ahí presente era que la birome de su mano hacía garabatos en la hoja. Pero no había entendido bien qué era lo que pasaba entre nosotros todavía. No entendía que me pasaba, por qué las flacas con las que salía no me entrentenían, por qué ninguna me duraba. Yo creía que no había encontrado a la mujer perfecta para mi. Ahora vamos a lo que nos importa. Lean nunca había tenido novia, se comía alguna íba cada tanto pero no pasaba nada más así que fue una sorpresa cuando me dijo que ese fin de semana no podía salir porque se tenía que encontrar con una piba. No tuve problema, pero me hizo un poco de ruido. Al fin de semana siguiente, me dijo lo mismo, me habló un poco de la flaca pero lo notaba bastante cortado. Ya había pasado un mes. Yo no la pasaba nada bien, sentía que me faltaba una parte. No quería comer, no me podía dormir, nada me inspiraba ningún tipo de alegría. Un día no me aguanté más y me fui hasta la casa de Leandro para saber que carajo le pasaba. La vieja me atendió de lo más bien, super contenta de verme pero con cara de preocupada. Entré al cuarto de Lean y estaba tirado en la cama.
- ¿Que hacés acá, Juan?
- Quiero que me expliques qué carajo te pasa, ¿estás metido en las drogas?
- No, boludo, no pasa nada. No te hagas tanto drama.
- ¿Y cómo querés que me ponga si hace un mes que no me querés hablar? Loco, nos conocemos hace como diez años y ahora de repente te re cortás. ¿Te creés que me chupa un huevo todo lo que pasó?
- Juani, es mejor que no hablemos. Creo que deberíamos dejar de juntarnos.
Se me cayó el corazón al piso. Ver a Leandro en la cama, completamente serio con el brazo derecho tapándole los ojos fue demasiado fuerte. Sin embargo, no podía entender del todo lo que me estaba diciendo.
- ¿Qué? ¿Por qué? No, no me podés hacer eso, yo no te hice nada malo. Creí que eras mi mejor amigo.
- Lo soy, Juan. Pero me pasan muchas cosas y no las entiendo bien. Traté de poner distancia para no hacerte mal, pero es peor, siento que estoy muriendo.
- Pero dejame ayudarte, Leandro. Vos sabés que siempre estuve para vos.
- No podés ayudarme.
- Si que puedo, dejame...
- Vos sos el problema.
- La verdad no entiendo qué mierda te pasa, no se. Pero bueno, si soy el problema, mejor me voy. Perdón, por lo que sea que haya hecho.
Me quedé mirándolo por unos segundos, limpiándome las lágrimas que no pude evitar. Queriendo no estar llorando enfrente de el, sino abrazándolo. No entendía nada de esto. El se sacó el brazo de la cara, se sentó en la cama y me miró, con una cara de ese dolor que nunca me mostraba. Convencido de que iba a ser la última vez que lo iba a ver, esperé un minuto más, mientras nos mirábamos fijamente. Esa mirada perdida de Leandro pocas veces se concentraba en mi. Pero cada vez que lo hacía, sentía un calorcito en el medio del pecho. Incluso ahora, que me sentía terrible. Me di vuelta porque no me quería poner a llorar otra vez. Apenas giré, Leandro habló.
- Te amo, Juani. Perdón por cagar las cosas así.
No entendí. No entendí el te amo. Estuve un minuto (o una hora) congelado, tratando de descifrar qué significaban esas palabras. Entendí, por fin entendí. Y como en las películas, vi pasar un montaje de todos los momentos lindos. No iba a haber una chica que me llenara el corazón como él. Me di vuelta y Lean tenía los codos apoyados en las rodillas y la cara tapada por sus manos, llenas de manchas de colores.
- ¿Hace cuánto lo sabés?
- No se, creo que siempre lo sospeché. Pensaba que en algún momento a lo mejor me iba a enamorar de una piba y todo esto iba a desaparecer. Pero no. Todo tiene tu cara. Todas las canciones son tu voz.
Me arrodillé adelante de la cama y le saqué las manos de la cara, me costó que me mirara pero cuando lo hizo, me sentí tan lleno que creí que de un momento a otro iba a explotar. Leandro siempre fue mi amor, que loco. Me reí, me reí un poco de felicidad, un poco de miedo.
- ¿Por qué no me lo contaste, pelotudo? No entiendo bien cómo va a ser todo esto, pero yo también te amo, Lean. No existe nada mejor para mi.
Le agarré la cabeza entre las manos, lo miré y si, bastante idiota de mi parte no haberlo entendido antes, pero bueno. Lo abracé y me devolvió el abrazo. Eso era todo, al final mi mujer perfecta resultó ser un hombre.

martes, 21 de febrero de 2012

Dirty old man. (Inglés/español)

I knew I’d find her there. I was too busy looking at her naked back from across the room when she turned around and looked at me. Her eyes were magnetic; before I could think of a reasonable excuse, I was dragged towards her. Pink, red and purple lights made her look shiny and magical. My common sense screamed in despair. Yes, she was very young, half my age, or less, but she was a woman. Maybe I could have been her father. But I wasn’t. It had been a long time since I had felt this wild kind of desire. I craved her, I wanted to devour each and every centimetre of her skin. I wanted to be soaked on her essence. She bit her lip and gave me a very childlike look. The waves of heat kept coming from my insides, my pulse couldn’t get much faster. She smiled. Oh lord, she was indeed a child, a dangerous one, I must say. I didn’t take my eyes off of the not so innocent girl while I pushed her against the nearest wall. I think this, her and me, was illegal in a considerable number of places. We didn’t care much.

-
Sabía que la iba a encontrar ahí. Estaba demasiado ocupado mirando su espalda desnuda cuando se dio vuelta y me miró. Sus ojos eran magnéticos; antes de poder pensar una excusa razonable, fuí arrastrado hacia ella. Luces rosas, rojas y violetas la hacían ver brillante y mágica. Mi sentido común gritaba de desesperació. Sí, era muy chica, tenía la mitad de mi edad, o menos, pero era una mujer. Quizás podría haber sido su padre. Pero no lo era. Había pasado un largo tiempo desde que sentí este tipo salvaje de deseo. La anhelaba, quería devorar cada centímetro de su piel. Quería estar empapado en su esencia. Ella se mordió el labio y me miró de una forma muy aniñada. Las olas de calor desde mi interior no paraban, mi pulso no se podía acelerar mucho más. Sonrió. Dios, era una niña, una muy peligrosa, debo decir. No le saqué los ojos a la chica no tan inocente mientras la aplasté contra la pared más cercana. Creo que esto, ella y yo, era ilegal en un considerable número de lugares. No nos importó demasiado.

jueves, 16 de febrero de 2012


Cada vez que viajo tengo la misma sensación: me estoy olvidando algo y no se qué es. Esta vez, cuando te miré a través de la ventana mugrienta del micro, entendí. Esa impotencia de no poder bajarme para llenarte de besos y abrazos aunque sea un ratito más. Lo que me olvidé en la terminal era una parte mía. Ponele que te dejé mi corazón o un pedazo de mi alma o algo así medio cursi, porque realmente se sintió como si me arrancaran algo. Estoy en la ruta y cada kilómetro me aleja un poco más. Uno, dos, tres, novecientos treinta y uno. Catorce horas al sur de ida, catorce horas al norte de vuelta. De Río Negro a Buenos Aires, atravesando La Pampa. Ahora vos estás en tu casa y yo en la mía. ¿Quién dice que estamos demasiado lejos? Hay que ser muy ingenuo para creer que vos y yo alguna vez vamos a pensar que una distancia entre nosotros es ''demasiado lejos''

sábado, 11 de febrero de 2012

Esperanza

Sentí las manos de cientos de condenados, esas manos podridas y sucias aferrándose a mis piernas, vi sus caras diabólicas, invitándome a escapar pero impidiendo que lo haga. Me arrastraban. Cada vez más adentro, cada vez más al centro de la tierra. El aire de ciudad tenía un dejo de azufre. Grité, sin emitir sonido. Traté de volver a juntar aire, pero era amarillo y cada vez más espeso. Intenté gritar otra vez y no me escucharon. Todos caminaban indiferentemente, como si no estuviera pasando nada, como si no hubiera un grupo de demonios llevándome al inframundo en el medio de una de las esquinas más céntricas de Buenos Aires. Caminaban, reían, lloraban, gritaban, pero ninguno por mi. Me di cuenta que ya no era presa de los espectros, sino de mi misma. Me quedé quieta, sabiendo que podía escapar pero sin probarlo. La mirada se quedó perdida, mi boca completamente relajada, el rostro ausente, las extremidades cayendo como bolsas de arena. Ya no estaba ahí. De otra forma, ¿cómo puede ser que nadie me viera? Me di cuenta que todo lo que yo amé ahora estaba pintado en una escala de grises. Y de repente, como de la nada, en el medio de la intersección, a mis pies, vi color. Rojo sangre, que al parecer me caía de algún lado, vi azul tinta, que caía de una pluma que tenía en la mano, vi blanco papel, verde hoja, amarillo sol y violeta de magia, esa magia que caía de algún lado, quizás esa era en realidad mi sangre. Los colores formaron un charco que cambiaba de forma, invitándome a entrar. Me asomé al borde y parecía mucho más profundo de lo que por lógica debería ser. Me arrodillé para ver más de cerca las figuras que se dibujaban a través de esa especie de velo. Cuando extendí mi mano para tocarlo, con reticencia al principio, sentí que la mancha se acercaba a mi, formando otro brazo que me agarró y me tiró para adentro de esa inmensidad cromática. Voces conocidas y no tanto, me pedían que me despierte. Ahí me di cuenta que mis ojos estaban fuertemente cerrados. Y caía. Caía o dormía.
Abrí los ojos y fue como salir de abajo del agua después de haber aguantado la respiración por mucho tiempo.