sábado, 25 de febrero de 2012

Descubrimiento

Y si, bastante pelotudo de mi parte el no darme cuenta. Es que a veces no te das cuenta, ¿sabés? Debería explicar bien las cosas, porque no estoy contando nada. Resulta que me enamoré. De un hombre. Mi mejor amigo. Si, lo sé, es cualquiera todo esto. Bueno, resulta que conocí a Lean en la primaria, siempre éramos los dos que terminaban en la dirección por no hacer nada en clase, íbamos a fútbol juntos, salimos a bailar por primera vez juntos, y casi que dimos nuestro primer beso juntos. No entre nosotros, claro. (Aunque más de una vez, mi cabeza me traicionó y me hizo soñar con eso) Pero no nos desviemos del tema. Cuando empezamos la secundaria, nos tuvimos que separar porque Lean necesitaba una escuela que le permitiera un enfoque más creativo que el que le brindaba una secundaria normal. Dibuja muy bien el pibe, cuando éramos más chicos, hizo un cuaderno con caricaturas de nuestros compañeros y profesores. Yo todavía lo guardo y recuerdo a mi compañero de banco mirando a todos y cada uno de nuestros compañeros, analizando los detallitos. Esa mirada ausente, los dedos siempre sucios de fibra, tinta o tempera. Bueno, pero volviendo a lo de nuestra separación, la relación no cambió para nada, que era algo que me daba mucho miedo. Nos juntamos todos los fines de semana, en su casa o en la mía, vemos películas, nos matamos en algún juego, escuchamos música, lo común. Estas cosas eran la antesala de lo verdaderamente interesante. Charlas muy profundas sobre la vida, el futuro, y lo que nos podría esperar. Cuando nos íbamos quedando dormidos empezaban a salir los secretos. Me contaba sus miedos, sus sueños, incluso me decía, de tanto en tanto, lo mucho que me quería. Y yo lo quería también. De la forma más pura del mundo, era un afecto sin nombre. Era más que mi mejor amigo. Era la única persona con la que me sentía cómodo siendo como verdaderamente era,  yo le lloraba por algun espacio vacío que me rompía la cabeza y él me consolaba. Y ya que hablamos de llorar, puede parecer una cosa chiquita, pero llorar adelante de otra persona siempre me pareció una muestra de vulnerabilidad bastante grosa. Yo solo lloraba con el y el a veces lloraba conmigo. Siempre me tocaba el pelo con esa misma mirada ausente que ponía cuando estábamos en clase. La única seña de que seguía ahí presente era que la birome de su mano hacía garabatos en la hoja. Pero no había entendido bien qué era lo que pasaba entre nosotros todavía. No entendía que me pasaba, por qué las flacas con las que salía no me entrentenían, por qué ninguna me duraba. Yo creía que no había encontrado a la mujer perfecta para mi. Ahora vamos a lo que nos importa. Lean nunca había tenido novia, se comía alguna íba cada tanto pero no pasaba nada más así que fue una sorpresa cuando me dijo que ese fin de semana no podía salir porque se tenía que encontrar con una piba. No tuve problema, pero me hizo un poco de ruido. Al fin de semana siguiente, me dijo lo mismo, me habló un poco de la flaca pero lo notaba bastante cortado. Ya había pasado un mes. Yo no la pasaba nada bien, sentía que me faltaba una parte. No quería comer, no me podía dormir, nada me inspiraba ningún tipo de alegría. Un día no me aguanté más y me fui hasta la casa de Leandro para saber que carajo le pasaba. La vieja me atendió de lo más bien, super contenta de verme pero con cara de preocupada. Entré al cuarto de Lean y estaba tirado en la cama.
- ¿Que hacés acá, Juan?
- Quiero que me expliques qué carajo te pasa, ¿estás metido en las drogas?
- No, boludo, no pasa nada. No te hagas tanto drama.
- ¿Y cómo querés que me ponga si hace un mes que no me querés hablar? Loco, nos conocemos hace como diez años y ahora de repente te re cortás. ¿Te creés que me chupa un huevo todo lo que pasó?
- Juani, es mejor que no hablemos. Creo que deberíamos dejar de juntarnos.
Se me cayó el corazón al piso. Ver a Leandro en la cama, completamente serio con el brazo derecho tapándole los ojos fue demasiado fuerte. Sin embargo, no podía entender del todo lo que me estaba diciendo.
- ¿Qué? ¿Por qué? No, no me podés hacer eso, yo no te hice nada malo. Creí que eras mi mejor amigo.
- Lo soy, Juan. Pero me pasan muchas cosas y no las entiendo bien. Traté de poner distancia para no hacerte mal, pero es peor, siento que estoy muriendo.
- Pero dejame ayudarte, Leandro. Vos sabés que siempre estuve para vos.
- No podés ayudarme.
- Si que puedo, dejame...
- Vos sos el problema.
- La verdad no entiendo qué mierda te pasa, no se. Pero bueno, si soy el problema, mejor me voy. Perdón, por lo que sea que haya hecho.
Me quedé mirándolo por unos segundos, limpiándome las lágrimas que no pude evitar. Queriendo no estar llorando enfrente de el, sino abrazándolo. No entendía nada de esto. El se sacó el brazo de la cara, se sentó en la cama y me miró, con una cara de ese dolor que nunca me mostraba. Convencido de que iba a ser la última vez que lo iba a ver, esperé un minuto más, mientras nos mirábamos fijamente. Esa mirada perdida de Leandro pocas veces se concentraba en mi. Pero cada vez que lo hacía, sentía un calorcito en el medio del pecho. Incluso ahora, que me sentía terrible. Me di vuelta porque no me quería poner a llorar otra vez. Apenas giré, Leandro habló.
- Te amo, Juani. Perdón por cagar las cosas así.
No entendí. No entendí el te amo. Estuve un minuto (o una hora) congelado, tratando de descifrar qué significaban esas palabras. Entendí, por fin entendí. Y como en las películas, vi pasar un montaje de todos los momentos lindos. No iba a haber una chica que me llenara el corazón como él. Me di vuelta y Lean tenía los codos apoyados en las rodillas y la cara tapada por sus manos, llenas de manchas de colores.
- ¿Hace cuánto lo sabés?
- No se, creo que siempre lo sospeché. Pensaba que en algún momento a lo mejor me iba a enamorar de una piba y todo esto iba a desaparecer. Pero no. Todo tiene tu cara. Todas las canciones son tu voz.
Me arrodillé adelante de la cama y le saqué las manos de la cara, me costó que me mirara pero cuando lo hizo, me sentí tan lleno que creí que de un momento a otro iba a explotar. Leandro siempre fue mi amor, que loco. Me reí, me reí un poco de felicidad, un poco de miedo.
- ¿Por qué no me lo contaste, pelotudo? No entiendo bien cómo va a ser todo esto, pero yo también te amo, Lean. No existe nada mejor para mi.
Le agarré la cabeza entre las manos, lo miré y si, bastante idiota de mi parte no haberlo entendido antes, pero bueno. Lo abracé y me devolvió el abrazo. Eso era todo, al final mi mujer perfecta resultó ser un hombre.

martes, 21 de febrero de 2012

Dirty old man. (Inglés/español)

I knew I’d find her there. I was too busy looking at her naked back from across the room when she turned around and looked at me. Her eyes were magnetic; before I could think of a reasonable excuse, I was dragged towards her. Pink, red and purple lights made her look shiny and magical. My common sense screamed in despair. Yes, she was very young, half my age, or less, but she was a woman. Maybe I could have been her father. But I wasn’t. It had been a long time since I had felt this wild kind of desire. I craved her, I wanted to devour each and every centimetre of her skin. I wanted to be soaked on her essence. She bit her lip and gave me a very childlike look. The waves of heat kept coming from my insides, my pulse couldn’t get much faster. She smiled. Oh lord, she was indeed a child, a dangerous one, I must say. I didn’t take my eyes off of the not so innocent girl while I pushed her against the nearest wall. I think this, her and me, was illegal in a considerable number of places. We didn’t care much.

-
Sabía que la iba a encontrar ahí. Estaba demasiado ocupado mirando su espalda desnuda cuando se dio vuelta y me miró. Sus ojos eran magnéticos; antes de poder pensar una excusa razonable, fuí arrastrado hacia ella. Luces rosas, rojas y violetas la hacían ver brillante y mágica. Mi sentido común gritaba de desesperació. Sí, era muy chica, tenía la mitad de mi edad, o menos, pero era una mujer. Quizás podría haber sido su padre. Pero no lo era. Había pasado un largo tiempo desde que sentí este tipo salvaje de deseo. La anhelaba, quería devorar cada centímetro de su piel. Quería estar empapado en su esencia. Ella se mordió el labio y me miró de una forma muy aniñada. Las olas de calor desde mi interior no paraban, mi pulso no se podía acelerar mucho más. Sonrió. Dios, era una niña, una muy peligrosa, debo decir. No le saqué los ojos a la chica no tan inocente mientras la aplasté contra la pared más cercana. Creo que esto, ella y yo, era ilegal en un considerable número de lugares. No nos importó demasiado.

jueves, 16 de febrero de 2012


Cada vez que viajo tengo la misma sensación: me estoy olvidando algo y no se qué es. Esta vez, cuando te miré a través de la ventana mugrienta del micro, entendí. Esa impotencia de no poder bajarme para llenarte de besos y abrazos aunque sea un ratito más. Lo que me olvidé en la terminal era una parte mía. Ponele que te dejé mi corazón o un pedazo de mi alma o algo así medio cursi, porque realmente se sintió como si me arrancaran algo. Estoy en la ruta y cada kilómetro me aleja un poco más. Uno, dos, tres, novecientos treinta y uno. Catorce horas al sur de ida, catorce horas al norte de vuelta. De Río Negro a Buenos Aires, atravesando La Pampa. Ahora vos estás en tu casa y yo en la mía. ¿Quién dice que estamos demasiado lejos? Hay que ser muy ingenuo para creer que vos y yo alguna vez vamos a pensar que una distancia entre nosotros es ''demasiado lejos''

sábado, 11 de febrero de 2012

Esperanza

Sentí las manos de cientos de condenados, esas manos podridas y sucias aferrándose a mis piernas, vi sus caras diabólicas, invitándome a escapar pero impidiendo que lo haga. Me arrastraban. Cada vez más adentro, cada vez más al centro de la tierra. El aire de ciudad tenía un dejo de azufre. Grité, sin emitir sonido. Traté de volver a juntar aire, pero era amarillo y cada vez más espeso. Intenté gritar otra vez y no me escucharon. Todos caminaban indiferentemente, como si no estuviera pasando nada, como si no hubiera un grupo de demonios llevándome al inframundo en el medio de una de las esquinas más céntricas de Buenos Aires. Caminaban, reían, lloraban, gritaban, pero ninguno por mi. Me di cuenta que ya no era presa de los espectros, sino de mi misma. Me quedé quieta, sabiendo que podía escapar pero sin probarlo. La mirada se quedó perdida, mi boca completamente relajada, el rostro ausente, las extremidades cayendo como bolsas de arena. Ya no estaba ahí. De otra forma, ¿cómo puede ser que nadie me viera? Me di cuenta que todo lo que yo amé ahora estaba pintado en una escala de grises. Y de repente, como de la nada, en el medio de la intersección, a mis pies, vi color. Rojo sangre, que al parecer me caía de algún lado, vi azul tinta, que caía de una pluma que tenía en la mano, vi blanco papel, verde hoja, amarillo sol y violeta de magia, esa magia que caía de algún lado, quizás esa era en realidad mi sangre. Los colores formaron un charco que cambiaba de forma, invitándome a entrar. Me asomé al borde y parecía mucho más profundo de lo que por lógica debería ser. Me arrodillé para ver más de cerca las figuras que se dibujaban a través de esa especie de velo. Cuando extendí mi mano para tocarlo, con reticencia al principio, sentí que la mancha se acercaba a mi, formando otro brazo que me agarró y me tiró para adentro de esa inmensidad cromática. Voces conocidas y no tanto, me pedían que me despierte. Ahí me di cuenta que mis ojos estaban fuertemente cerrados. Y caía. Caía o dormía.
Abrí los ojos y fue como salir de abajo del agua después de haber aguantado la respiración por mucho tiempo.

domingo, 29 de enero de 2012

A week. (Inglés/español)

Remember when I asked if I could sleep in your couch for a couple of days? I was on vacations in your city, maybe I chose the destination on purpose, maybe not. After a long discussion, you accepted it was alright for me to sleep in your sofa but you reminded me like fifty times that you could lend me your bed and sleep in the couch instead. Fuck, I would have stayed at your place even if I had to sleep in a tub or sitting on a chair. On the first night, while I pretended to be asleep, I saw you waking up in your boxers, walking to the kitchen and going back to your room, after standing next to your blue sofa for some minutes. Another day went on, when you came back from work, I was in the shower. You asked me if I wanted to go out and have something to eat but I told you I prefered to stay. You ordered chinese food and we stayed in. Being with you was, sometimes, slightly uncomfortable, there was always this tension in the air. You went to bed after cleaning up. When you woke up at four in the morning you saw me standing next to the windowsill, looking at the city lights. You tried to be silent but I heard you coming at me and I quickly looked at you in almost absolute darkness. You stayed totally still, like you were frozen but we were close, and I could feel fire burning inside of you. What if... I said. You knew what I meant, you could feel it, it was this growing animal inside both of us, that it was roaring desperately, wanting to come out and play. You know we shouldn't, you answered, passing your fingers through your short black hair, I'd certainly love to. You had no time to react, we were lying on your bed and ripping each other's clothes off before you could notice. The rest is history, we didn't leave your apartment for three days straight. A few days after that, I had to leave. I smiled at you in the departure lounge of that airport, wondering what would happen if I stayed but knowing that you had a life and I had a life and there was no chance. We both knew that. Nevertheless, after I kissed you goodbye, you told me that maybe it wasn't our time yet. I told you that probably our time would never be. Maybe you'll prove I was mistaken, maybe I'll prove you wrong. Only time will tell.

-
¿Te acordás cuando pregunté si podía dormir en tu sillón por un par de días? Andaba de vacaciones por tu ciudad, quizás había elegido el destino a propósito y quizás no. Después de una larga discusión, aceptaste que estaba bien que yo durmiera en tu sofá pero me recordaste como cincuenta veces que podrías prestarme la cama y dormir en el sillón. Mierda, me hubiese quedado ahí incluso si tenía que dormir en la bañadera o sentada en una silla. En la primera noche, mientras pretendía estar dormida, te vi despertándote, caminando a la cocina y volviendo después de pararte junto a mi sofa azul por unos minutos. Otro día pasó, cuando volviste del trabajo, estaba en la ducha. Me preguntaste si quería salir a comer pero te dije que prefería quedarme. Pediste comida china y nos quedamos. Estar con vos era, a veces, un poco incómodo, siempre había esa tensión en el aire. Te fuiste a la cama después de limpiar. Cuando te despertaste a las cuatro de la mañana me viste parada al lado de la ventana, mirando las luces de la ciudad. Trataste de ser silencioso pero te escuché acercándote a mi y te miré en la oscuridad casi completa. Te quedaste totalmente quieto, como si estuvieras congelado pero estabas cerca y podía sentir el fuego ardiendo en tu interior. ¿Qué tal si..? dije. Sabías que quería decir, podías sentirlo, era este animal creciente dentro de nosotros dos que estaba rugiendo desesperadamente, queriendo salir a jugar. Sabés que no debemos, me contestaste, pasándote los dedos por tu corto pelo negro, ciertamente, me encantaría. No tuviste tiempo de reaccionar, estábamos en tu cama y arrancándonos la ropa antes de que pudieras notarlo. El resto es historia, no dejamos el departamento por tres días. Un par de días después de eso, tenía que irme. Te sonreí en el aeropuerto, preguntando qué pasaría si me quedara pero sabiendo que tenías una vida y yo tenía un vida y no había oportunidad. Los dos sabíamos eso. Sin importar nada, después de que te besé por última vez, me dijiste que quizás todavía no era nuestro momento. Yo te dije que era probable que nuestro momento no llegara nunca. Quizás pruebes que me equivoqué, quizás pruebe que vos eras el equivocado. Solo el tiempo lo dirá.

sábado, 28 de enero de 2012

Three hours earlier. (Inglés/español)

I want to know how much you want me, and if youre always trying to find me. You knew that girl wasn’t me but you found it similar and just carried on. But she was not like me at all, the lights in the bar suggested a resemblance, but when you saw her in the street, you knew it, she wasn’t the one you were looking for. Well, obviously it wasn’t me, I was too far away. You took one of her dark curls but they were softer than mine. You carried on and kissed her, maybe she was just like me inside her mouth but no, her upper lip was way thicker than mine. Just to try it, you grabbed her ass but it was too soft, too perfect and she pressed fingers in the back of your neck, just like I would have done. You walked her home, she was very drunk and invited you in, you refused, it was the right thing to do. She insisted, rubbing her body aganist yours. You took a deep breath and her smell was fading behind all those cigarrettes and glasses of vodka. After saying goodbye so very politely, just like you always do, you walked away. No, she wasn’t me. Not her, not the other girls, none of them was me. An image crossed your mind, it was me in my old black satin nightgown. It was me, with my rough skin full of scars, my body hair, my small teeth and everything. It was so vivid that for a minute you thought I’d be around. Even when you knew it was impossible.

-
Quiero saber cuánto me querés y si siempre estás tratando de encontrarme. Sabías que esa chica no era yo, pero la encontraste parecida y simplemente seguiste. Pero no era para nada como yo, las luces del bar sugerían un parecido pero cuando la viste en la calle, lo supiste, no era la que estabas buscando. Bueno, obviamente no era yo, yo estaba muy lejos. Agarraste uno de sus mechones oscuros pero eran más suaves que los míos. Continuaste y la besaste, creyendo que a lo mejor el interior de su boca se parecería al mío pero no, su labio superior era mucho más grueso que el mío. La agarraste de atrás pero era demasiado suave, demasiado perfecto y ella presionó los dedos contra tu nuca, como yo hubiese hecho. La acompañaste a su casa, estaba muy borracha y te invitó a pasar, la rechazaste, era lo correcto. Insistió, frotando su cuerpo contra el tuyo. Tomaste una bocanada de aire y su olor estaba desapareciendo detrás de todos esos cigarrillos y vasos de vodka. Después de despedirte educadamente, como siempre lo hacés, te fuiste. No, no era yo. Ni ella, ni ninguna de todas las otras. Una imágen cruzó tu mente, era yo en mi viejo camisón negro, con mi piel áspera y llena de cicatrices, mis pelos, mis dientes chicos y todo. Era tan vívida que por un minuto creíste que estaría cerca. Incluso cuando sabías que era imposible. 

viernes, 27 de enero de 2012

Momentos lindos, primera edición.

  • Estar medio triste en un bar y que de repente pasen una canción que te hace muy bien, buscar el guiño cómplice de la persona que decidió poner ese tema, no encontrarlo y sonreir a la nada.
  • Ese instante entre risas acompañado de amigos en el que pensás: Puta madre, que feliz estoy, tengo mucha suerte.
  • Esa persona que va sonriendo cuando camina por la calle.

martes, 24 de enero de 2012

Él.

Él siempre tenía una respuesta para todo y eso es algo que siempre me sacaba de quicio. Odiaba esos aires intelectuales, las ojeras permanentes debido a noches enteras de café, cigarrillos y escritura, detestaba que aparentara seguridad, que me tratara como a una nena y su voz, hablaba demasiado bajo, siempre tenía esa excusa para acercarse y hablarme al oído. A riesgo de caer en un cliche bastante feo y enfermizo, muchas de esas cosas que no me gustaban era las mismas que lo hacían terriblemente atractivo. Su experiencia, las cosas que había visto, su calma, ese excelente gusto para todo, el talento poco normal de ordenar palabras cotidianas para contar las mejores historias, esa distancia espiritual que lo hacía imposible, los ojos brillosos, curiosos, llenos de promesas de romanticismo, el aliento tibio contra mi cara, los inviernos con olor a café, chocolate y libros usados.
Él me hacía sentir cosas.

miércoles, 18 de enero de 2012

Un comienzo. (Parte 1)

Entre humo y lucecitas me pareció captar un destello conocido. Me acerqué un poco, buscando eso que me había llamado la atención y por un instante me quedé congelada. Estaba prendiendo un pucho, como siempre. Sentado en una mesa a lado de una ventana, con la vista fija la calle, como siempre. Se quedo quieto un segundo y tomó un sorbo de café, ese que tenía dos cucharadas de azúcar, antes de ponerse a escribir, también como siempre. Me acerqué más. Lo conocía, estaba segura de que lo conocía, pero ¿quién era? Me acerqué tanto que terminé parada delante de su mesa, mirándolo fijo. Al darse cuenta de esto, él levantó la vista.
- Hola, ¿necesitás algo?
Su voz hizo que me invadiera un recuerdo lejano, que vi como a través de una nube: Abrazos, risas, canciones, viajes y conversaciones llenas de confesiones nocturnas. Imposible, jamás lo había visto y sin embargo era tremendamente familiar para mi. Su expresión mostró algo de desconcierto. Y sí, ¿qué cara iba a poner si tenía enfrente a una mina que jamás había visto y para colmo no le hablaba? Al ver que no le contestaba, me volvió a hablar.
- Hola, ¿hablás?
- Disculpame, puede que esto suene a la excusa más tonta del mundo, pero siento que te conozco de algún lado, de verdad te lo digo.
- Mirá, para serte sincero, no tengo ni idea.
- Si, está bien. No se que me pasó, creo que esto también va a sonar raro pero te vi y se me vinieron a la mente un montón de recuerdos, que obviamente nunca pasaron porque jamás te vi. Bueno, creo que me voy, esto ya se puso tan incómodo como se podría poner. Chau.
El conocido-extraño posó sus ojos oscuros en los míos.
- Chau, suerte.
Salí del bar sin entender nada de lo que había pasado. A media cuadra escuché que alguien me chistaba, aumenté un poco la velocidad.
- Ey, pará.
Me di vuelta solo para encontrarme al sonriente extraño.
- Ey, hola otra vez.
- Che, estaba pensando en que a lo mejor no te conozco pero a lo mejor eso podría cambiar, ¿querés ir a tomar algo? Tomá, te dejo mi número por si tenés ganas.
Agarré el papelito que me daba, con su nombre y un celular. Se llamaba León.
- Si, creo que estaría bueno. Después de todo, te conozco.
Él se rió.
- Bueno, creo que estoy en todo mi derecho de tenerte miedo, pero parecés bastante inofensiva.
- Soy Ana, mucho gusto.
- Bueno Ana, ¿entoncés me llamás si tenés ganas de salir?
- Dale, nos vemos.
- Chau, suerte.

viernes, 13 de enero de 2012

Cuadernos viejos

¿Te acordás cuando nos prometimos que no iba a haber sentimientos? Ingenuo de mi parte creerme que podría no sentir nada por vos, muy hábil de tu parte ese prematuro lavado de manos. Y es que te juro que intenté. Vimos tanto y me enseñaste tanto que hasta creí que vos ibas a ser el primero en romper esa promesa de los no-sentimientos. Malo de mi parte pensar que ibas a cambiar de parecer. No, cuando decías que disfrutabas de mi compañía y no querías involucrarte para no arruinar la relación, de verdad lo creías. Pero yo no. Hasta hace algún tiempo creí que yo era la débil, por caer. Después me di cuenta que el cobarde eras vos, escondiendo tus miedos bajo un moderno manto de mente abierta y desapego.

sábado, 7 de enero de 2012

Deseos: velitas, estrellas fugaces, pestañas y panaderos.

Creo que el primer deseo que a uno se le viene a la mente, explica en gran parte qué somos y cómo nos encontramos en el momento en el que se está pidiendo. Porque por más que no creamos, siempre es buena una ayudita extra.
Mi deseo hace ya bastantes meses es imaginarme la cara de una persona, siempre la misma y concentrar todas energías que tengo, para luego decir en mi cabeza: que sea feliz. No pido que sea feliz junto a mi o ser feliz junto a esa persona. Que sea feliz, solo eso. Si tengo tres deseos, los otros dos los pido de costumbre, al estilo de: salud y amor para los seres queridos y alcanzar mis metas. Si solo podía pedir un deseo, bueno, entonces lo usé bien.

jueves, 5 de enero de 2012

Nadsat

Resulta que eran las cinco de la mañana y no me podía dormir, de entre las sombras de mi conciencia salió algo que considero un pequeño homenaje a Burgess y me gustaría compartir.
Recomendación al lector: Si no ha leído usted La Naranja Mecánica ni visto la película le recomendaría que se saltee esta entrada porque no va a tener mucho sentido.
Si desea usted continuar con esta lectura, le dejo un diccionario Nadsat-Español

¡Oh amigos! Tan grande fue mi impresión cuando vi a mi drugo Alex con la golova llena de crobo rojo rojo, el mismo que brotaba de su rota sonriente. Esos tolchocos que dejaban oír el chumchum de los huesos rotos eran los que Alex había recibido. Y los disfrutaba, sí lo hacía. En ellos se sentía vivo, como cuando le practicaba el unodós a una ptitsa, como se sentía vivo al escuchar al gran Ludwig Van.
Y es que nosotros, los nadsats salimos a buscar un poco de diversión mientras pe y eme toman chai en el sofá, disfrutando de sus vidas mediocres. Y no es nuestra culpa, amigos, el haber nacido en este mundo donde la ultraviolencia es un entretenimiento, no es nuestra culpa estar movidos por los hilos de Bogo, que muy cómodo parece estar arriba. Hasta les diría que el mismísimo Bogo nos manda noche tras noche al Korova y se ría de nosotros. Se ríe de todos nosotros.
¿Y ahora que pasa, eh?

domingo, 1 de enero de 2012

Lejos.

Yo prometí que algún día me iba a escapar. Que iba a hacer una valija en un arrebato y me iba a ir muy lejos. Trenes, colectivos, aviones si es necesario. Necesito conocer, ahora más que nunca. Voy a perseguir sueños en tierras lejanas, quiero una aventura con un cuaderno y una cámara como únicos compañeros. Me doy un plazo de un año. Voy a dejar mi Buenos Aires querido con la esperanza de entender, de experimentar y de encontrar algo que hace mucho vengo buscando.